
Mucho antes de que el flamenco encontrara su voz, la campiña al norte de Málaga ya resonaba. Los verdiales son una música folclórica cruda e hipnótica interpretada por una panda —un grupo itinerante de violín, laúd, guitarra, pandereta y pequeños platillos de dedo— encabezada por bailarines con anchos sombreros cargados de espejos, cintas y flores silvestres.
Puede que sea la música viva más antigua de Andalucía. Sus raíces llegan hasta el al-Ándalus musulmán y, muy probablemente, más atrás aún, y nunca ha dejado de sonar: los pueblos aún se enfrentan panda contra panda, cada una con su propia afinación, su propio garbo y un orgullo local feroz sobre qué valle la toca “como Dios manda.”
El sonido no se parece al flamenco que espera la mayoría de los visitantes: más rápido, más antiguo, casi hipnótico, concebido para tocarse al aire libre desde el anochecer hasta bien entrada la noche mientras los bailarines giran y los platillos repiquetean.
¿Quieres escucharlos en persona? La Fiesta Mayor de Verdiales llena el Puerto de la Torre cada 28 de diciembre: miles de personas se reúnen, las pandas tocan hasta que cae la noche y, durante unas pocas horas doradas, Málaga suena exactamente igual que hace ochocientos años.